Fueron a vengar un robo y mataron a un inocente

El Nailon. Fue escenario de otro grave episodio. (Pedro Castillo / Archivo)
Lo más importante
  • El crimen de villa El Nailon desnuda un frágil contexto social.
  • La víctima era ajena a una balacera.

El expediente judicial hoy indica que a Fernando Ochoa (18) lo mataron de un balazo que le ingresó en el pecho cuando se asomó a la calle, justo en medio de una tiroteo que surcaba los pasillos de villa El Nailon, al norte de la ciudad de Córdoba.

La investigación apunta a que un taxista, al que minutos antes de las 16 del jueves último un grupo de jóvenes le habían cruzado un niño por el medio de la calle Gaboto, para obligarlo a frenar y así encañonarlo para despojarlo de lo poco que llevaba enciman, esa misma tarde regresó con unos amigos y varias armas, cruzó en el medio de la villa a quienes señalaba por el asalto y pronto comenzaron a intercambiar balazos.

Fernando, ajeno a todo –insisten los investigadores y sus vecinos–, justo se encontraba en el lugar y en el momento equivocados. Un balazo calibre nueve milímetros o 38 le ingresó por el costado izquierdo del tórax.

Alcanzaron a llevarlo hacia el cercano hospital Infantil, donde entrada la noche dejó de existir.

Los detectives de la división Homicidios buscan por estas horas al taxista y a los que participaron en la balacera.

Una escopeta abandonada en una calle de tierra y aguas servidas sólo quedó como testimonio del importante poder de fuego que se desplegó a la vista de todos ese jueves a la tarde en El Nailon.

En lo que la Justicia no avanzará, ya que excede a este episodio en sí, es en un contexto que explica mucho los motivos que llevaron a Fernando a encontrar una muerte tan temprana.

Porque el lugar y el momento equivocados eran permanentes.

El Nailon forma parte de Marqués Anexo, un barrio empobrecido de fronteras invisibles, armas calientes y abundante oferta de drogas, que desde hace más de una década acumula jóvenes muertos en episodios violentos: ajustes de cuentas, balas perdidas, sobredosis, desesperanza y hasta choques en moto por conducir intoxicados por alguna sustancia.

La gran mayoría de las víctimas ya habían desertado del sistema escolar. Fernando también. Vivía en condiciones más que humildes junto con su madre y dos hermanas. Varias veces intentó estudiar, porque, cuentan en el barrio, era porfiado ante tanta miseria que le había tocado. Abandonó antes de terminar tercer año, aunque ahora se había anotado en el secundario para adultos.

En ese sector de la ciudad, decían ayer los vecinos, en las últimas semanas se multiplicó una violencia que siempre suele ser abundante. La escalada de robos contra quienes viven allí y en las adyacencias pareció expandirse de manera geométrica.

“Hay chicos pequeños que están cebados por la droga; están robando a cada rato, se ha complicado mucho la situación”, resumía ayer alguien que conoce muy de cerca la zona.

Los nombres de estos testigos se reservan para evitar agregarles más temores a una situación cotidiana que ya se hace bastante cuesta arriba.

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El texto original de este artículo fue publicado el 14/07/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
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