Relaciones consentidas y vulneración de la voluntad

Del otro lado. La web esconde perversos anónimos. (La Voz / Archivo)

Esta semana, en los tribunales de Córdoba se conoció una sentencia inédita para los delitos sexuales. 

En el curso de esta semana judicial, sorprendió por lo novedoso un veredicto que puso en su lugar a un hombre que, a través de la web, obligaba a mujeres a enviarle fotos o videos en los que se exhibían en ropa interior, desnudas o actuando en posiciones humillantes.

El condenado a 14 años de prisión es Franco Daniel Carignano (27), un extecladista del grupo musical Trulalá, y el lugar en el que fue colocado con el veredicto es el de abusador sexual, a pesar de que lo hizo de modo mediato, a través de una pantalla y sin mantener contacto físico con las víctimas.

Abusaba escudado en el anonimato, ya que sus víctimas no sabían quién las extorsionaba. Si no le mostraban su intimidad, las amenazaba con publicar imágenes que antes le habían enviado de modo inocente, engañadas. No tuvo reparos en cometer estas aberraciones con adolescentes, mayores y menores de edad.

Un rosario de figuras penales transgredidas les fueron aplicadas por el juez de la Cámara 8ª del Crimen Juan Manuel Ugarte (el mismo que hace 14 años, como fiscal, desenmascaró al violador serial Marcelo Sajen). Para ser sintéticos, pueden resumirse en coacción calificada continuada reiterada, abuso sexual gravemente ultrajante continuado y producción de contenido y publicación de imágenes pornográficas donde se exhiben menores de edad, más promoción a la corrupción de menores agravada.

Aquí acaso haya dos caras de una misma moneda, que pueden ayudar al análisis.

El abusador gozaba con la dominación, con forzar a las mujeres a hacer lo que no querían realizar (con él). En otras palabras, ellas no lo deseaban, pero él disfrutaba (se masturbaba y eyaculaba on line) forzándolas a hacerlo.

Las relaciones sexuales deben ser consentidas, con las dos partes de acuerdo y con el deseo presente entre ambos a concretar un contacto cuyas acciones y límites también están dentro del marco de la voluntad.

Un abuso sexual es todo lo contrario: no existe el deseo de una persona y se fuerza su voluntad para hacer algo con alguien a quien no quiere.

Dos alumnos de comunicación social, Katherina Ciaffoni y Jerónimo Maina, con la dirección de la docente Natalia Gontero, están por rendir su tesis “Tu palabra y la mía #DisfrutemosPosta”. El proyecto comunicacional se ocupa de analizar el consentimiento sexual entre adolescentes, un interesante aporte para las nuevas generaciones, sobre todo a la hora de que sus propuestas de relaciones sean consentidas y con deseo recíproco.

Carignano gozaba vulnerando la voluntad y el (no) deseo de sus víctimas. Eso lo excitaba. Se jactaba de que no pagaba para estar con mujeres, pero aseguraba que lo atraía forzarlas a “estar” con él, según quedó asentado en el juicio a partir de numerosos testimonios y peritajes.

Para él, “estar” con ellas era a través de las redes sociales, por internet. La imagen –ese semidiós que gobierna muchos actos del presente– era el motor de su libido. Su condena no se relaciona con el contacto físico, sino porque vulneró a sus víctimas forzando su voluntad. De eso se trata el abuso sexual.

Edición Impresa
El texto original de este artículo fue publicado el 14/09/2018 en nuestra edición impresa. Ingrese a la edición pdf para leerlo igual que en el papel.
En esta nota
Comentá esta nota